martes, 19 de agosto de 2014

La fe de Job

Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.
1 Pedro 1:7-9

La fe de Job

La antigua historia de Job es muy conocida, su pobreza incluso pasó a ser proverbial. Este hombre lo había perdido todo: sus hijos, su ganado y su casa. Tenía una úlcera muy grave que lo hacía sufrir de los pies a la cabeza. Su mujer terminó diciéndole: “Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9). Sus amigos, en vez de animarlo, lo acusaban. Pero en medio de esa situación tan difícil, Job exclamó: “Yo sé que mi Redentor vive… y mis ojos lo verán” (Job 19:25, 27).
¡Qué admirable fe brillaba en Job! ¡Lo había perdido todo, pero le quedaba Dios! Sabía que tenía un Redentor, un Salvador vivo, y que un día, incluso si su carne volvía al polvo, iba a verlo con sus propios ojos a través de un cuerpo nuevo. ¿Qué grado de conocimiento tenía este hombre que vivía en tiempos tan antiguos? No lo sabemos. Lo que cuenta es su seguridad y su inquebrantable confianza en Dios.
¡Qué ejemplo para nosotros! Hoy tenemos la Biblia, la Palabra de Dios y el Espíritu Santo que nos ayuda a comprenderla; como cristianos, conocemos mucho mejor que Job a nuestro Redentor, el Señor Jesús. Él mismo prometió que vendría a buscarnos para llevarnos con él. Dediquémonos en todo tiempo, tanto en los días felices como en los días difíciles, a alimentar nuestra alma con esta gran esperanza: Nuestro Redentor vive y pronto vendrá a buscarnos. “Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

Fuente: © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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