jueves, 12 de marzo de 2015

La conversión significa dar media vuelta

(Jesús dijo al apóstol Pablo:) A quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados.
Hechos 26:17-18


Podemos pasar de una religión a otra sin que por ello podamos hablar de conversión. Es posible formar parte de un grupo de cristianos sin haber experimentado nunca una verdadera conversión. Incluso uno puede tener cierto cambio moral, una mejora de la conducta, sin que se trate de una conversión en el sentido bíblico.
Según la Biblia, convertirse significa literalmente dar la vuelta, apartarse de algo para ir hacia otra cosa. El arrepentimiento es un cambio interior completo en nuestros pensamientos más profundos, la conversión es un complemento en los actos. La acción acompaña el pensamiento. Es dar media vuelta para ir en otra dirección. Es pasar de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, del poder de Satanás a Dios (Colosenses 1:12-13; Juan 5:24). Los de Tesalónica, después de haber escuchado el Evangelio, se habían convertido y habían abandonado los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero (1 Tesalonicenses 1:9).
Convertirse consiste, pues, en dar la espalda a todo aquello que forma parte de las tinieblas, del error y del pecado, para volverse resueltamente hacia Dios. Significa renunciar a nuestras concepciones erróneas, a nuestros propios razonamientos limitados o tendenciosos, para creer en la Biblia, la Palabra de Dios, y aprender a conocer a Jesús como Salvador y Señor. Esta conversión es la demostración de que Jesús nos salvó. Jesús dijo: “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).


Fuente: © Editorial La Buena Semilla

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