lunes, 11 de mayo de 2015

Taparse los oídos

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.
Hebreos 4:7


(Dios nos dice:) Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma.
Isaías 55:3


El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará.
Proverbios 15:31


Felipe estaba cumpliendo cuatro años y quería comer un trozo más de su torta de cumpleaños. «Ve a preguntarle a mamá», le aconsejó su hermana. El niño se acercó a su madre y le pidió permiso para comer otro pedazo de torta, pero rápidamente se alejó tapándose los oídos para no oír la respuesta: «No, Felipe, basta con lo que has comido». Luego, contento con su artimaña, comió el trozo de torta que tanto deseaba.
La astucia de Felipe le permitió hacer lo que quería… Si su madre le reclamaba algo, por lo menos podía decir que no había oído lo que ella le había dicho, y en cierto modo era la verdad…
La actitud de este niño nos hace sonreír. Pero, ¿acaso nosotros no hacemos lo mismo cuando evitamos oír lo que Dios quiere decirnos? Claro que no nos tapamos los oídos con las manos para no oír la voz que viene del cielo. Pero no leer la Biblia es una forma de cerrar los oídos a la voz de Dios, porque la Biblia es la Palabra de Dios. No consultarla evita claramente oír algunas verdades que podrían molestarnos. Así hacemos lo que queremos, sin tener en cuenta lo que Dios nos dice. ¡Pero el día que debamos rendir cuenta por todos nuestros actos no podremos decir a Dios que no oímos nada!
Sin embargo, como la madre de Felipe, Dios sólo desea nuestro bien. ¡Escucharlo redundará en beneficio nuestro!


Fuente: © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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