viernes, 3 de julio de 2015

Compartir el sol

Dios es amor.
1 Juan 4:16


(El Señor dijo): Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.
Jeremías 31:3


A fin de que… seáis plenamente capaces… de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
Efesios 3:17-19



Estamos en el mes de julio. En la playa muchas personas aprovechan el radiante sol de verano. Nuevos turistas vienen continuamente a instalarse, pronto ya no quedará más sitio… ¿Habrá suficiente sol para todos? ¿Los rayos que recibo menguarán su intensidad porque cada vez hay más gente? ¡No, afortunadamente! El sol alegra y calienta a todos. En mi rinconcito de playa, es como si brillase sólo para mí. ¡El sol es demasiado grande!
Esto me hace pensar en el amor de Dios por cada una de sus criaturas. El amor es la naturaleza de Dios; él es infinito, y su amor también. Millones de seres humanos se benefician de él. En el ámbito de las matemáticas sabemos que el infinito dividido por un número incluso muy grande, sigue siendo infinito. Pues bien, este amor infinito de Dios pertenece completamente a cada uno de nosotros; nuestra porción personal no se ve reducida por el gran número de los que se benefician de él.
Dios es infinitamente grande, por ello puede amar a cada uno de nosotros personalmente, y ocuparse de nosotros como si fuésemos únicos. Para nosotros, que somos seres finitos, ¡eso sería imposible!
El apóstol Pablo escribió: “El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). ¡Se entregó por mí, como si yo fuese único, porque me amaba!
¡Recibamos simplemente este maravilloso amor, mucho más precioso que el calor del sol!


Fuente: © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)