domingo, 2 de agosto de 2015

¿Quién como tú, un Dios que perdona?

¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? Miqueas 7:18


Será dicho… ¡Mirad lo que ha hecho Dios! Números 23:23 (V. M.)



«Dios siempre es imprevisible y sorprendente», escribió un periodista francés. En la Biblia varias veces encontramos exclamaciones de sorpresa ante el poder o la sabiduría de Dios. “Dios es excelso en su poder; ¿qué enseñador semejante a él?” (Job 36:22). Dios siempre es más grande que todo lo que podamos decir de él. “Es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20).
En el versículo de hoy, el profeta se maravilla ante el perdón de Dios: ¿Quién como tú, un Dios que perdona? Cuando experimentamos el perdón de Dios, también hay algo que nos sorprende: nos perdona precisamente lo que nos parece imperdonable. Sí, su prerrogativa es «perdonar lo imperdonable». Sin embargo no tiene ninguna indulgencia con el mal. Perdona porque Jesucristo murió para borrar nuestros pecados; sufrió por ellos en nuestro lugar.
¿Cree en el perdón de Dios? ¿Cree que un Dios, juez de todo, puro y justo, puede llegar a amar al pecador y hallar la manera para perdonar lo imperdonable, gracias a Jesucristo?
Y nosotros cristianos, incluso si hemos pecado, Dios nunca nos rechaza; todo lo contrario, él siempre está listo para levantarnos, para liberarnos. No nos dejemos encerrar en una culpabilidad que nos paraliza, sino vayamos a él tal como somos, confesemos nuestro pecado para experimentar la grandeza, la profundidad de su perdón y la dulzura de su amor.
“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).


Fuente: © Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)