martes, 8 de septiembre de 2015

Promesas de Dios

(Jesús dijo:) De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
Juan 5:24


Volvamos a leer bien el versículo de hoy. Jesús nos dice que el que cree en él tiene vida eterna y ha pasado de la muerte a la vida. Estas tres palabras, “tiene” y “ha pasado,” no dejan lugar a ninguna duda. No hallamos un «si» o un «quizá» que pueda insinuar la mínima duda. Por lo tanto, cuando recibimos sencillamente las palabras del Señor, podemos regocijarnos de ser salvos, ¡salvos por la eternidad!
Así, el que cree tiene (ahora mismo) la vida eterna. Ha pasado (es un hecho cumplido) de la muerte a la vida. La vida eterna no es el resultado futuro de una serie de esfuerzos y de abnegación, sino un don que Dios hace hoy a todo el que confía en él. El que cree pasa a ser hijo de Dios, este es el nuevo nacimiento.
La vida eterna es una vida ya presente, actual, es la vida que Dios comunica al creyente, una relación viva, espiritual, confiada y eterna con el Señor.
El que no cree está muerto, en el sentido de que no tiene relación con Dios. El que cree halla la vida, una relación de comunión con el Señor.
Quizás usted dude. Tal vez esto le parezca demasiado fácil, demasiado bello para ser verdad. Entonces lea este versículo escrito por el apóstol Juan: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).
“Así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Romanos 5:21).


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