viernes, 1 de abril de 2016

No perder la esperanza

Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Jeremías 29:11
La esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.
Tito 1:2
La búsqueda de la felicidad es un motivo poderoso que orienta el corazón humano. Pero, ¿existe una felicidad duradera en esta tierra? Dios da al hombre muchas alegrías, especialmente esas alegrías sencillas de la vida, como el casamiento, el nacimiento de un bebé, la belleza de la naturaleza... Pero los desastres, las catástrofes, la violencia y todas las ruinas morales provocadas por lo que Dios llama pecado, acarrean tristeza y miedo en este mundo. Abramos la Biblia. Dios nos habla de felicidad: “Mis siervos cantarán por júbilo del corazón” (Isaías 65:14). Esta felicidad no tiene límites, nadie puede quitárnosla, pues es una felicidad que viene de Dios. ¿Cómo conocerla? Recibiendo el Evangelio, la buena nueva que sigue siendo actual: Dios da una nueva vida mediante la fe en Jesucristo, su Hijo. Como conoce las necesidades más profundas del hombre, vino a ocuparse de él. ¡Él es amor, y por ello nos ama a cada uno! “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).
Este gozo que Dios nos ofrece acompaña toda nuestra vida. En cuanto al pasado, permite que seamos liberados de la culpabilidad (Salmo 32:5) y nos da la seguridad de ser perdonados por Dios. En cuanto al presente, permite que nos deleitemos en una feliz comunión con Dios. Las preocupaciones y los temores con respecto al futuro son calmados mediante la certidumbre de que Dios nos conduce hacia un final feliz, incluso si a veces el trayecto está jalonado por dificultades.
Isaías 3-4 - Gálatas 1 - Salmo 37:35-40 - Proverbios 12:19-20

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