viernes, 29 de julio de 2016

La sinfonía inacabada

(Jesús oró a su Padre:) Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.
Juan 17:4-5
Muchos dicen que la octava sinfonía de Franz Schubert fue su última obra. Según esta teoría, Schubert murió antes de haberla terminado. En realidad, «la inacabada» data del año 1822, y Schubert, quien murió en 1828, compuso muchas obras más, entre ellas la novena sinfonía. Esta misteriosa sinfonía inacabada solo lo estaba en apariencia.
Cuando Jesús entregó su vida a los 33 años, sus discípulos probablemente tuvieron la impresión de que su obra estaba inacabada. ¡Habían esperado tanto que estableciera el Reino de Dios en la tierra! Sin embargo, en la cruz, antes de morir, Jesús dijo: “Consumado es” (Juan 19:30). A los ojos de Dios, su obra estaba plenamente cumplida, pues su muerte era necesaria para que todos los planes de amor de Dios se cumpliesen. El obstáculo de nuestros pecados, que nos impedían acercarnos a Dios, había sido quitado. En la cruz, Jesús llevó sobre sí la condenación que nosotros merecíamos. Su muerte es el único medio para que podamos ser reconciliados con Dios, perdonados y liberados.
Su resurrección puso fin a su obra en la tierra. Su victoria sobre la muerte y su ascensión al cielo aseguran una total y completa liberación a todos los que creen en él. Nosotros, cristianos, retengamos el ejemplo del apóstol Pablo, quien decía: “De ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús” (Hechos 20:24).
Jeremías 2 - Lucas 11:29-54 - Salmo 89:15-18 - Proverbios 20:12-13